Hacia pocas horas que habíamos llegado a Nueva York. Aun era pronto, pero los rayos de luz inundaban nuestra habitación del hostel lo suficiente como para desvelarme, ansiaba por salir a descubrir la ciudad y por tirar fotos como un loco. Consciente de las pocas horas que habíamos dormido, fui indulgente y le dejé dormir, aunque no pude reprimir las ganas de hacer fotos.
Anhelaba descubrir la belleza de la ciudad cuando me di cuenta de que estaba a escasos centímetros.