Todo buen pescador debe saber armarse de paciencia. Aunque las largas esperas son gratamente recompensadas con las capturas. Realmente ilusiona notar que han picado, que tiran con fuerza de la caña; parece mentira que algo que mide escasamente un palmo y pesa 700gr (que es lo más que he pescado en las 3 ó 4 veces que habré ido) pueda oponer tanta resistencia.
Cuando vuelves a casa con la cena, te embarga una grata aunque ilusoria sensación de autosuficiencia, pues no hay que olvidar que hasta los gusanos los compramos en una tienda.
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