Realmente la historia de esta foto no deja de ser curiosa… Estaba solo en casa y por algún motivo sin importancia recorría el pasillo hacia mi habitación. Al abrir la puerta, observé que la ventana estaba abierta y que un visitante se había colado por ella, un gorrión. Después de estar un rato, emulando a Silvestre y Piolin, por fin pude cogerlo, y lo solté por donde había entrado (la ventana).
Supongo que después de tanto ejercicio y algún que otro aterrizaje forzoso, el pájaro estaría un poco exhausto y no tendría muchas ganas de volar. Así que se posó en el tendedero de la terraza.
Cogí la cámara y le estuve echando unas fotos, la verdad es que ninguna me acabó de gustar, pero luego me lié con la pinzas…