Este verano durante mis vacaciones recorrí Portugal. Uno de los lugares que más me gustó fue Porto, una bonita y decadente ciudad, famosa por sus vinos. En su casco antiguo pude descubrir que sus habitantes viven a diferente ritmo que en Barcelona, encontré gente asando sardinas en la calle, niños combatiendo el calor bañándose en las fuentes, gallinas y otra fauna correteando por las calzadas, era como haber retrocedido en el tiempo. Sentí una perfecta mezcla de calma y bullicio. Callejeando por sus entrañas, llegué a una plaza donde un sociable gato hizo de modelo para mi foto.
Me hizo mucha gracia un comentario que una amiga mía (gracias Ana) hizo de esta foto, pues en ella vio la historia de un desamor. Y realmente me convenció, veo una de esas historias próximas al ocaso, donde la balanza de los sentimientos no está equilibrada, donde una mirada busca compasión y ternura, y la otra solo muestra indiferencia.
Este encuentro que yo
esperaba no fue como
yo pensaba, que amarga
desventura creyendo
que te amaba con locura.
pero los sentimiento
no los pude encontrar,
te busque pero tu mirada
estaba perdida que no
logre mirarte de frente
por tu indiferencia
casi vacía.
Todo lo echamos a la
basura se termino, se
acabo todo fue un
terrible error.
En que fallamos, cual
fue el motivo
cual fue el rencor que
mataste mis sentimientos
con tu infinito desamor.
Paloma
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión, que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Claudio Rodriguez