Era nuestro último día en Nueva York, nuestro avión salía a media tarde, así que decidimos pasar nuestras últimas horas en la Gran Manzana, recorriendo Central Park. Nos levantamos pronto y previa visita a Starbucks, nos dirigimos al parque por la 94St, saboreando un coffee que a su vez nos calentaba las manos. Era una mañana realmente fría, los lagos del parque estaban parcialmente helados. Aunque el frío no era impedimento para multitud de deportistas que hacían jogging por el parque.
Ya habíamos pasado por Central Park, pero esta vez lucía diferente… ya habían corrido ese inevitable velo de cuando te vas, lucía con aires de despedida, igual que el aeropuerto, que nunca es igual cuando llegas que cuando te vas.