Cuando viajo al extranjero, algo que realmente me gusta hacer (y que no sale en las guías de viaje) es visitar los supermercados locales. Cuando visitas uno, es como si te cambiasen tu realidad más cotidiana, tu subconsciente vuelve a un estado virginal, se libera de los miles de impactos publicitarios que ha recibido durante años y años en forma de musiquitas, eslóganes, anuncios, famosos de turno, logos y demás munición publicitaria. Tu verdades absolutas se desvanecen y ya no está tan claro que “X” lave más blanco que “Y”, ni que ese desodorante vaya a captar más miradas ajenas que ningún otro. Todo ello, claro está, a excepción de los productos fabricados por multinacionales, que están presentes en todo el planeta, y sus campañas publicitarias bombardean a todos por igual.
Resulta curioso ver que cuando las calidades presumidas se difuminan, nuestra elección será mucho más racional, se ajustará a nuestras necesidades y evitaremos pagar precios excesivos.
Al final compramos un pan de molde de marca blanca, un poco de jamón, mayonesa, lechuga y dos tomates, todo de oferta y nuestro sandwich está tan bueno como los de casa. Aunque quizás ha sido porque lo hemos acompañado de una Coca-Cola.
Bien es cierto que nadie está contento con lo que tiene, todo el mundo quiere más (o al menos la gran mayoría): el mendigo que duerme al raso, anhela el dormir bajo techo y comer caliente de vez en cuando, y se dice para sí que con eso sería feliz que no necesita más ; el mileurista que trampea para llegar a fin de mes, se dice que si cobrase algo más casi seguro que le concederían la hipoteca, y se dice que con eso estaría tranquilo, que no necesita más; hay otro que tiene coche y casa, pero se aburre los fines de semana, y quiere comprase un barquito, y se dice que con eso estaría entretenido, que no necesita más…
Cuando subimos un escalón en el bienestar, nuestras expectativas se colman, pero de forma temporal, ya que nos acostumbramos rápido y ponemos como objetivo el siguiente peldaño.
Podemos estar delante de las cataratas de Niágara, sin duda un paraje excepcional, donde la vista y el oído se inundan de bellos estímulos, pero habrá quien no tiene suficiente y rebuscará en sus bolsillos una moneda de 25 centavos, por que necesita más.
Ya lo decía el economista Adam Smith, que el egoísmo es el motor que mueve el mundo… nunca tenemos suficiente, siempre queremos más…
Las cataratas del Niágara, es otro de esos lugares a los que deseaba ir. Primero me las enseño Marilyn y más tarde las sobrevolé como un pájaro de la mano de Superman, pero hasta que no estuve en persona, no pude sentir toda su fuerza.
Su nombre significa “trueno de agua”, y su incesante sonido, solo ha sido interrumpido un par de veces, debido a la congelación total del caudal de agua.
En la foto, lo que parecen rocas delante de la cascada, son bloques de hielo, que se van alimentando de las minúsculas gotas, que se levantan a modo de vapor de agua y se solidifican debido a las bajas temperaturas.
Aproximadamente una veintena de personas, las han intentado atravesar, corriendo unos más suerte que otros, pero sin ninguna duda, la historia que más me llamó la atención fue la de un osado, que tras introducirse en un pequeño habitáculo metálico, puso su vida en manos del caudal del río, la naturaleza ante tal atrevimiento, se dedicó a jugar a malabares y tardó 72 horas en escupir el habitáculo de las turbulencias de donde rompe la cascada.
Como curiosidad decir, que con el caudal de agua, en un solo segundo se podrían llenar aproximadamente cinco millones de botellas de medio litro.
No quiero acabar este post, sin antes dar las gracias a todas aquellas personas que me han alentado a seguir publicando mis fotos, muchas gracias de corazón.
Era nuestro último día en Nueva York, nuestro avión salía a media tarde, así que decidimos pasar nuestras últimas horas en la Gran Manzana, recorriendo Central Park. Nos levantamos pronto y previa visita a Starbucks, nos dirigimos al parque por la 94St, saboreando un coffee que a su vez nos calentaba las manos. Era una mañana realmente fría, los lagos del parque estaban parcialmente helados. Aunque el frío no era impedimento para multitud de deportistas que hacían jogging por el parque.
Ya habíamos pasado por Central Park, pero esta vez lucía diferente… ya habían corrido ese inevitable velo de cuando te vas, lucía con aires de despedida, igual que el aeropuerto, que nunca es igual cuando llegas que cuando te vas.
Este verano durante mis vacaciones recorrí Portugal. Uno de los lugares que más me gustó fue Porto, una bonita y decadente ciudad, famosa por sus vinos. En su casco antiguo pude descubrir que sus habitantes viven a diferente ritmo que en Barcelona, encontré gente asando sardinas en la calle, niños combatiendo el calor bañándose en las fuentes, gallinas y otra fauna correteando por las calzadas, era como haber retrocedido en el tiempo. Sentí una perfecta mezcla de calma y bullicio. Callejeando por sus entrañas, llegué a una plaza donde un sociable gato hizo de modelo para mi foto.
He hecho la foto que más ilusión me podía hacer, la foto de mi hijo Kaito.
Desde aquí decirle que podrá ser lo que se proponga ser, esa es la grandeza de esta vida, tan solo tenemos que tomar las decisiones adecuadas.
Bienvenido Kaito.
一番自分を幸せにしてくれる写真を撮りました。息子、界飛(かいと)の写真。
このブログを通して、界飛に伝えたいこと、それは、息子はどんな形であろうと息子のなりたい自分になるという事、それが人生の醍醐味だという事。だから、正しい選択をしないといけない。
初めまして。界飛。
El edificio Fuller es uno de los edificios míticos de Manhattan, aunque es más conocido como Flatiron. Su construcción finalizó en 1902 y ocupa toda una pequeña manzana triangular entre la calle 22, la 5ª avenida y Broadway.
Su diseño exterior, se asemeja a una clásica columna griega, tanto en los materiales usados en la fachada (caliza y terracita) como en la estética de la misma, que está dividida en tres partes horizontales. Su altura, fue todo un hito para la época, tanto es así que los neoyorquinos especulaban sobre si se derrumbaría cuando soplase fuerte viento. Sus 87 metros de altura, se consiguieron gracias al uso de acero en su estructura, algo completamente novedoso en aquel tiempo.
Su apodo Flatiron, viene de su similitud con las planchas de la época.
Es uno de los rascacielos más antiguos que siguen en pie en Nueva York, y eso que Godzilla lo destruyera en una de sus películas, concretamente en la versión americana.
Me hizo mucha gracia un comentario que una amiga mía (gracias Ana) hizo de esta foto, pues en ella vio la historia de un desamor. Y realmente me convenció, veo una de esas historias próximas al ocaso, donde la balanza de los sentimientos no está equilibrada, donde una mirada busca compasión y ternura, y la otra solo muestra indiferencia.
Este encuentro que yo
esperaba no fue como
yo pensaba, que amarga
desventura creyendo
que te amaba con locura.
pero los sentimiento
no los pude encontrar,
te busque pero tu mirada
estaba perdida que no
logre mirarte de frente
por tu indiferencia
casi vacía.
Todo lo echamos a la
basura se termino, se
acabo todo fue un
terrible error.
En que fallamos, cual
fue el motivo
cual fue el rencor que
mataste mis sentimientos
con tu infinito desamor.
Paloma
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión, que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Claudio Rodriguez
Quedaban pocas horas para que nuestro avión de regreso a Barcelona despegara, así que decidimos gastar nuestras últimas horas en la Gran Manzana paseando por Central Park, donde vimos una pequeña competición de patinaje artístico.