El edificio Fuller es uno de los edificios míticos de Manhattan, aunque es más conocido como Flatiron. Su construcción finalizó en 1902 y ocupa toda una pequeña manzana triangular entre la calle 22, la 5ª avenida y Broadway.
Su diseño exterior, se asemeja a una clásica columna griega, tanto en los materiales usados en la fachada (caliza y terracita) como en la estética de la misma, que está dividida en tres partes horizontales. Su altura, fue todo un hito para la época, tanto es así que los neoyorquinos especulaban sobre si se derrumbaría cuando soplase fuerte viento. Sus 87 metros de altura, se consiguieron gracias al uso de acero en su estructura, algo completamente novedoso en aquel tiempo.
Su apodo Flatiron, viene de su similitud con las planchas de la época.
Es uno de los rascacielos más antiguos que siguen en pie en Nueva York, y eso que Godzilla lo destruyera en una de sus películas, concretamente en la versión americana.
Me hizo mucha gracia un comentario que una amiga mía (gracias Ana) hizo de esta foto, pues en ella vio la historia de un desamor. Y realmente me convenció, veo una de esas historias próximas al ocaso, donde la balanza de los sentimientos no está equilibrada, donde una mirada busca compasión y ternura, y la otra solo muestra indiferencia.
Este encuentro que yo
esperaba no fue como
yo pensaba, que amarga
desventura creyendo
que te amaba con locura.
pero los sentimiento
no los pude encontrar,
te busque pero tu mirada
estaba perdida que no
logre mirarte de frente
por tu indiferencia
casi vacía.
Todo lo echamos a la
basura se termino, se
acabo todo fue un
terrible error.
En que fallamos, cual
fue el motivo
cual fue el rencor que
mataste mis sentimientos
con tu infinito desamor.
Paloma
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión, que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Claudio Rodriguez
Quedaban pocas horas para que nuestro avión de regreso a Barcelona despegara, así que decidimos gastar nuestras últimas horas en la Gran Manzana paseando por Central Park, donde vimos una pequeña competición de patinaje artístico.
A veces realmente me cuesta encontrar una idea para el texto que acompaña a mis fotos, y hoy es una de esas veces (bueno almenos esta vez y por ser la primera, puedo soltar este rollito a efecto de “comodín”, lo malo será la próxima vez que me vea en esta situación…).
Ya puestos en el tema, os diré que en mi opinión la fresa es una fruta sobrevalorada, bueno lo que quiero decir realmente es que entra más por la vista que por el gusto; es decir, que una fresa por buena que esté nunca cumple las expectativas de sabor que ha generado su visualización (con ese rojo tan perfecto, las semillas, las hojitas verdes…), realmente las fresas se saben vender…
Además como dato curioso, os contaré algo que aprendí en el cole, que en lo relativo a las semillas, un higo es como una fresa al revés, no sé… a mi me llamó la atención.
Normalmente no suelo procesar las fotos en blanco y negro, bueno mejor dicho, creo que es la primera que trato así. Quizás ha sido el hecho de haber tomado la foto en el ferry que lleva a Ellis Island en Nueva York, quizás mi subconsciente ha empezado imaginar las inacabables colas que debían formar los inmigrantes a su llegada a la ciudad donde se cumplían los sueños.
La ciudad donde vivo no es muy amiga de los rascacielos. Barcelona no tiene edificios realmente altos. A mi particularmente me gustan, pero no son del agrado de muchos barceloneses pues creen que son contrarios al estilo mediterráneo y que deshumanizan la ciudad.
A mi entender hay dos tipos de modelos de rascacielos, los que son para las personas y los que restringen el uso a los ciudadanos. Los pocos rascacielos (o edificios altos) con los que cuenta la ciudad de Barcelona son del segundo tipo. El hotel Arts, la torre Agbar, el edificio Colon, etc. son edificios que te gustarán o no por su estética, pero no podrás “disfrutarlos”, pues estos edificios están destinados a oficinas u hoteles, y a menos que trabajes allí o pagues una considerable cifra por pasar una noche, la entrada más allá de la recepción te será vetada.
Pero hay ciudades como Sydney, Tokyo o Toronto, donde los ciudadanos corrientes hacen uso de estos edificios. En Sydney, por ejemplo, es bastante asequible vivir en un rascacielos con servicios como gimnasio o piscina en el mismo inmueble. En Tokyo o Toronto los ciudadanos tienen libre acceso a los rascacielos, pues en las plantas inferiores encuentran infinidad de tiendas y restaurantes o los famosos “food court”. Además es bastante curioso el poder pasar de edificio a edificio sin salir al exterior pues estos se conectan, puedes encontrar más de 20 edificios conectados con lo que realmente hay una ciudad subterránea, aunque supongo que esto es más necesario en ciudades con climas más extremos.
El motivo se repite, pero bueno prometo que es la última foto (al menos durante un tiempo) que colgaré, donde aparezca un taxi.
Pero es que son quizás el referente más famoso de Nueva York, nos basta ver un fotograma de una película donde aparezcan éstos, para saber que se trata de la gran manzana, aunque sea un oscuro callejón; no nos hace falta ver el Empire State, Miss Liberty o cualquier otro lugar famoso. No en vano, puedes comprar miniaturas de los taxis amarillos en cualquier tienda de souvenirs, de hecho, yo mismo compré uno para mi sobrino!
Me gustan esas ciudades en las que cuando necesitas un taxi, levantas la mano y lo tienes, sin tener que esperar horas porque es viernes noche. Me gustan esas ciudades donde puedo ir a comprar aunque sea domingo. Me gustan esas ciudades en las que si tengo hambre a las 4:00am, encontraré un sitio para comer sin tener que recorrer kilómetros. Realmente no comparto esas políticas proteccionistas, que lo que hacen es convertir sectores empresariales en especies de cárteles
El edificio Chrysler es un claro exponente del estilo Art Decó. Su característica ornamentación (a similitud de los elementos usados en los automóviles Chrysler de la época) le ha otorgado el calificativo de edificio más bonito de la ciudad, según los habitantes de NY.
Su construcción empezó en 1928 y se realizó a un endiablado ritmo de 4 plantas por semana. Por esa época, eran varias las construcciones que se estaban llevando a cabo, las cuales disputaban el título de edificio más alto del mundo. El rival más directo del edificio Chrysler, era el inmueble del nº 40 de Wall Street, el cual aumentó dos pisos la altura del proyecto inicial, para conseguir título de edificio más alto. Como respuesta a tal desafío, Van Alen, el diseñador del Chrysler, consiguió el permiso para la construcción de una aguja metálica de 56 metros. La aguja se llevó al edificio en cuatro partes diferentes y se ensambló en secreto, dentro del mismo para no dar pistas a sus rivales. Una vez izada la aguja metálica en 1930, sus 319 metros le valieron para desbancar a sus rivales y coronar los cielos del mundo.
Pero tan disputado record le fue arrebatado 11 meses después por el Empire State Building.